viernes, 25 de julio de 2014

LAS PEÑAS CASI CINCO SIGLOS DESPÚES CAUTIVA E INSPIRA A LOS GUAYAQUILEÑOS

Su vieja calle empedrada, la clásica arquitectura de sus fachadas y su romántico silencio cautivan e inspiran. Entre el cerro Santa Ana y el río Guayas permanece, como si resistiera al paso del tiempo, el barrio Las Peñas, donde nació Guayaquil, ciudad que este viernes 25 de julio celebra 479 años de su fundación.

La paz de este emblemático sector lo convierte en un oasis o refugio para quienes huyen de la urbe que vibra intensamente por el ajetreo diario de toda ciudad moderna. Allí, sus huéspedes tienen un encuentro con la historia, el arte y la cultura huancavilca.

Historiadores coinciden en que este sector toma su nombre por las enormes rocas calcáreas de las faldas del cerro que llegaban hasta el río y que a su vez, protegían de las crecidas a las antiguas viviendas del lugar, que en sus inicios fueron habitadas por pescadores y obreros de los astilleros del sector que hoy se conoce como La Atarazana.

Se dice que los médicos de la época mandaban a los enfermos de bronquitis a respirar el aire puro en este lugar para ser curados.

Con el paso de los años, familias pudientes desplazaron a los antiguos propietarios y construyeron sus casas con vista al río y características estructurales de corte europeo. Eran tiempos del ‘Gran Cacao’, en pleno apogeo de exportación de este producto agrícola de la costa ecuatoriana.

Desde Las Peñas se defendía a la ciudad de los ataques de piratas. Los vestigios de ese espíritu guerrero aún están presentes en el lugar conocido como La Planchada del Cerro, que fue una fortaleza, hoy convertida en plazoleta, donde permanecen dos inmensos cañones que disiparaban a cualquier invasor.

Pero si Guayaquil resistió el ataque de piratas y bandidos, no lo pudo hacer con los grandes incendios que asolaron a la ciudad en los años 1896 y 1902, que arrasaron este barrio y siglos de historia de las edificaciones.

No obstante, el espíritu emprendedor de su gente permitió reconstruir la nueva ciudad, conservando la arquitectura colonial original. Así, no solo Las Peñas y la ciudad resurgieron de las cenizas, sino también el ímpetu de los guayaquileños.



Alfaro, Hemingway y el Che
La fresca brisa y paisaje de Las Peñas cautivó a hombres importantes de la historia ecuatoriana. Al pie de la calle Numa Pompilio Llona vivieron once expresidentes, entre ellos, el ecuatoriano más ilustre de todos los tiempos, Eloy Alfaro Delgado, líder de la Revolución Liberal.

También acogió a notables literatos y músicos como Antonio Neumane, compositor de la música del Himno Nacional. En su casa actualmente funciona un centro artesanal. También vivieron los escritores Juan Montalvo, el estadounidense Ernest Hemingway, Enrique Gil Gilbert, la educadora Rita Lecumberry y otras figuras del arte.

El legendario revolucionario argentino Ernesto Che Guevara, es otro de los personajes latinoamericanos que pasó por este tradicional barrio. En octubre de 1953 se hospedó en una habitación de madera con vista al río. Hoy, un busto en su memoria se levanta a pocos metros de la sencilla casa donde vivió sus sueños de una América más justa.

El barrio Las Peñas es uno de los lugares más preservados de la ciudad, luego de que en 1982 el Estado lo declarara Patrimonio Cultural del Ecuador.

El Municipio local lo intervino del 2002 al 2008 con obras de regeneración, pero recientemente, el gobierno Nacional, a través del Instituto de Patrimonio Cultural, restauró más de 20 inmuebles que presentaban algunas signos de deterioro debido al clima húmedo de la urbe.

Su romántico ambiente es atractivo para cientos de turistas que visitan a diario este rincón porteño. Pero también es fuente de inspiración para pintores, escultores y otros artistas, que han escogido este lugar como el sitio ideal para dar forma a sus creaciones.

“Las Peñas es tan pequeño, pero encierra tanta nostalgia de épocas idas, es tan acogedor que me inspira. Sus calles, su río, su silencio te sobrecoge. Sinceramente no hay mejor lugar para el arte”, dice el pintor Ricardo Mafaldo, quien -con pincel en mano- da forma a un frondoso árbol en su galería.
“Y yo encuentro a este sector muy bello. Su gente, el diseño de sus casas, se parece mucho a los viejos barrios de mi Buenos Aires”, expresa el turista argentino Aldo Dijan, quien junto a un grupo de italianos visitó esta semana el lugar.

El barrio actualmente ofrece galerías, una Casa del Artista Plástico, un centro artesanal y bares que combinan con renovado equilibrio estético lo bohemio con lo artístico.

En esta época, por las festividades de la ciudad, cientos de visitantes se vuelcan a este tradicional sector a participar de las exposiciones culturales que brindan distintas instituciones.

Seguramente su calle, su arquitectura neocolonial, sus colores, balcones, persianas, faros, el cerro, el río y su paz seguirán cautivando e inspirando como siempre.



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