lunes, 28 de abril de 2014

EL PAPA FRANCISCO ENTRE SELFIES CON DIGNATARIOS Y UN INOLVIDABLE BAÑO DE MASAS

A bordo de un papamóvil abierto, Jorge Bergoglio recorrió por las sendas de seguridad la plaza San Pedro y la vía de la Conciliación, en un inolvidable baño de multitud. Entre un mar de manos que se agitaban, gargantas que le gritaban amor y afecto, risas y lágrimas; banderas de todos los países, entre ellas la de su Argentina, carteles que proclamaban fe en los dos nuevos santos, Francisco hizo uno de los mejores paseos apostólicos, que en el fondo son un programa de su pontificado de vecindad con la gente común.
La recorrida fue facilitada por un poco de desconcentración que alivió la presión de las multitudes en la enorme zona de seguridad vigilada por diez mil policías, carabineros y otras fuerzas de seguridad italianas ayudados por la Gendarmería pontificia y la Guardia Suiza del Vaticano, vestidos de civil.
Muchos, que estaban ya caminando más allá del castillo de San Angel rumbo a los ómnibus y el subterráneo, volvieron a la carrera para saludar al Papa. Había polacos por todas partes, plenos de entusiasmo y que demostraban alegría y agradecimiento hacia Francisco por haber hecho santo a Karol Wojtyla, desde ahora San Juan Pablo II.
El papamóvil fue estacionado apenas terminó la misa de canonizaciones, pero la gente debió esperar al menos una hora por un atraso imprevisto. El Papa argentino debió demorarse para cumplir con el saludo protocolar a las 122 delegaciones extranjeras, que incluía a 24 jefes de Estado y diez primeros ministros. Estaba el rey de España Juan Carlos, pero las miradas iban hacia la reina Sofía y la reina Paola de Bélgica, ambas vestidas totalmente de blanco, de acuerdo a la tradición que acuerda a las monarcas un especial privilegio ante el Papa.
Mientras la multitud ardía de impaciencia, Jorge Bergoglio daba la mano y conversaba con los dignatarios. Otro hecho imprevisto retrasó aún más el baño de multitud que estaba planeado a continuación: presidentes, primeros ministros, cancilleres, gobernantes en general y sobre todo las señoras, sacaron de sus bolsos y bolsillos sus teléfonos celulares y, junto con el saludo, aprovechaban para hacerse selfies fotográficos con el pontífice argentino.
Esto divirtió bastante a Francisco, que se prestó al juego con total presteza .
A las fuerzas de seguridad y al dispositivo sanitario, que habían tenido una buena jornada porque llovió al principio de la ceremonia y mucho menos de lo temido, les preocupaba la desconcentración de tanta gente. No sólo la que estaba en la plaza y en vía de la Conciliación, sino también en las otras plazas, parques y grandes lugares abiertos como el Circo Máximo romano.
En algunos puentes se vieron forcejeos con presiones y empujones entre los que iban y venían, pero la intervención amigable de la policía ayudó a aliviar los movimientos de las multitudes. La estación de subte más cercana al Vaticano fue cerrada por razones de seguridad y esta interrupción creó problemas a la enorme cantidad de gente que llegaba al lugar. Pero enseguida se armaron columnas de peatones que hicieron tres cuadras hasta la estación siguiente y muchas filas hasta bajar a los convoyes que pasaban cada dos minutos, con lo que miles de personas fueron evacuadas en poco tiempo.
Lo mismo ocurrió en el centro de Roma, donde muchos se volcaron a lo que aquí llaman “la peregrinación a plaza España”, el sitio que alberga al corazón de las grandes marcas italianas y extranjeras, que venden trapos y objetos muy caros y famosos.
Peregrinos y turistas estuvieron sostenidos por mucho buen humor y el afecto hacia los dos nuevos santos, con especiales elogios hacia el Papa argentino, cuya popularidad ayer alcanzó el cénit.

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